Por una Escuela Pública y Laica

1003059_301221173352708_82568629_nEl movimiento laicista tiene muchos frentes en un país en el que la separación de Estado e Iglesia está muy lejos de ser realidad. No obstante, el ámbito de la educación siempre ha concitado especial atención por su relevancia de cara a la igualdad de los ciudadanos en relación a un derecho fundamental para el desarrollo personal y el ejercicio de la propia ciudadanía. En ese sentido, Europa Laica viene desarrollando año tras año, junto a muchos otros colectivos y organizaciones, la campaña por una “Escuela Pública y Laica: Religión fuera de la Escuela”. Una exigencia democrática que ningún gobierno ha querido abordar, en tanto todos ellos han mantenido la “pesada herencia” de una larga dictadura presidida por el nacional catolicismo, de concesiones y privilegios a la Iglesia como poder fáctico. Lograr una Escuela verdaderamente democrática, y por tanto plenamente laica, sigue siendo una asignatura pendiente en nuestro país.

La defensa de la laicidad del Estado y de las instituciones públicas no debería ser privativa de ninguna posición política que se reclame de la democracia, ni ser considerada una doctrina particular más contrapuesta a otras. Constituye uno de los caracteres básicos de toda democracia, vinculado al reconocimiento de la libertad de pensamiento, al principio de igualdad de los ciudadanos en derechos y deberes y, por tanto, a la no discriminación por razón de sus ideas. El movimiento laicista no pretende, por tanto, otra cosa que el establecimiento de las condiciones políticas y sociales idóneas para el respeto y desarrollo pleno de la libertad de conciencia, uno de los pilares fundamentales de los Derechos Humanos.

Esas condiciones implican la separación efectiva entre el Estado -que representa a toda la ciudadanía- y las confesiones religiosas u otras doctrinas ideológicas o filosóficas, que sólo conciernen al grupo de personas que comparten las mismas creencias o convicciones. Con el fin de salvaguardar el espacio de lo público y común de toda connotación sectaria, el laicismo defiende la neutralidad ideológica de las instituciones públicas -que son de todos- con respecto a cualquier intento de imposición o apropiación por parte de intereses o ideologías de carácter particular.

La Escuela es, justamente, una de esas instituciones públicas donde es preciso observar de forma más escrupulosa el principio de laicidad o neutralidad por tener como función la satisfacción de un derecho universal, como es la educación, que atañe al conjunto de los ciudadanos sin excepción. Si la libertad de conciencia ha de ser respetada en todos los ámbitos, lo ha de ser de modo especial en el marco escolar por tratarse de niños y jóvenes en formación, que incluye también el desarrollo de su propia personalidad y conciencia crítica. Frente a la invocación de cualquier otro interés particular, incluso de los propios padres, la Declaración de los Derechos del Niño de 1959 afirma que siempre ha de prevalecer “el interés superior del niño”, exigiendo en la posterior Convención de 1989 que los Estados “respetarán el derecho del niño a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión”, obviamente conculcado cuando, sin tener desarrollada su autonomía, se ve sometido a un adoctrinamiento religioso o de cualquier otro tipo.

De acuerdo con los fines que le son propios, la Escuela ha de educar sin dogmas, en conocimientos científicos y universales, en valores humanistas, en el respeto a los derechos humanos, en la asunción de la diferencia y de la diversidad sobre la base de la igualdad en dignidad y derechos, en los principios éticos y democráticos que son comunes.

Los centros escolares no pueden ser, en ningún momento, un lugar de exclusión y discriminación. Niños y niñas no deben ser separados en función de las creencias o convicciones de sus familias. En consecuencia, la religión, en sus formas confesionales, debe salir del currículo y del ámbito escolar. Y esta exigencia democrática, la de la laicidad de la institución escolar, se extiende al conjunto del sistema educativo, con independencia de su titularidad, porque el derecho a la libertad de conciencia y a su desarrollo tiene carácter universal y nadie puede ser privado de él.

Una apuesta decidida por la Escuela Pública, Gratuita, Democrática y Laica, por parte de la sociedad y de los poderes públicos, es una garantía para avanzar hacia un modelo educativo integral, compensador de desigualdades y que eduque para la convivencia, dentro de un proyecto común de ciudadanía, inclusivo y no segregador.

Las políticas educativas en nuestro país, y en particular la articulada con la LOMCE, han caminado en sentido contrario. Por eso, iniciativas como las que quiere vertebrar la plataforma “La Educación que nos une”, de resistencia al desmantelamiento del sistema público de educación y, a la vez, de propuestas a la sociedad civil para avanzar hacia un modelo educativo verdaderamente democrático, son objetivos que compartimos desde Europa Laica. A su vez, proponemos a todos los colectivos que integran esta nueva plataforma el apoyo, dentro de su ámbito de actividad, a la campaña que reivindica específicamente la laicidad del marco escolar.

El enlace con los contenidos y propuestas de la campaña “Por una Escuela Pública y Laica: Religión fuera de la Escuela” es: http://laicismo.org/detalle.php?pk=31085&tp=ds

Europa Laica