Las ganas de inventar y una tiza al cielo. Así comienza una de las canciones de Vetusta Morla y así podría sentirse cualquiera que haya salido de las Facultades de Educación y Formación del Profesorado. Con ganas de probar, de romper con lo viejo; de equivocarnos incluso si es preciso; ganas que cada año se ven frustradas por culpa de muchas barreras. Palos en las ruedas de aquellos profesionales a quienes nos gustaría dedicarnos a la educación y lo pensamos con ilusión, comprometidos con la firme convicción de que la educación como servicio público puede transformar la realidad, de que la escuela pública puede ser diferente y de que ha de ser garantía también de una sociedad diferente, democrática, justa y solidaria.
Es ahora, al echar la vista atrás, cuando se mezclan los reproches y los sueños al hacer balance de una formación recibida que podría ser bien distinta. Pero muchos futuros maestros y maestras, muchos profesionales de la educación, de la pedagogía o de la formación del profesorado acabarán por reproducir muchos de los que ellos mismos ven como errores si nada cambia en un sistema educativo anacrónico que no hace sino invitar a la reproducción de incuestionadas rutinas docentes. Sigue leyendo





