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Por una Escuela Pública y Laica: Religión fuera de la Escuela

B7BB3KMCYAAAyxL.jpg largeLa Campaña “Por una Escuela Pública y Laica: Religión fuera de la Escuela”, que surgió hace casi dos décadas, como una iniciativa y un compromiso activo en torno al objetivo democrático de lograr la plena laicidad del sistema educativo, ha tenido diversas fases, sin muchos resultados positivos hasta la fecha, pese al creciente respaldo social que, sin embargo, se enfrenta a las obstinadas posiciones confesionales de las Administraciones Públicas y de las principales formaciones políticas. En esta última fase (2012-14) ha sido suscrita por decenas de colectivos y organizaciones, manteniendo plena vigencia, toda vez que la LOMCE y las medidas adoptadas en su aplicación suponen un mayor retroceso, en relación a una aspiración democrática, nunca resuelta de forma positiva y consecuente: El imprescindible carácter laico del Sistema Educativo

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Madrid con nosotr@s: aprender participando

el nuevo enemigoContrariamente a lo que habitualmente se dice para justificar la necesidad de un pacto educativo, en el Estado español, a pesar de los diferentes cambios legislativos en esta materia no ha habido una transformación profunda de nuestro sistema educativo que diera una respuesta democrática real que fomente la participación de toda la comunidad educativa y que proponga nuevas formas de aprender. Desde las últimas décadas, lo que se ha venido haciendo es el desarrollo de políticas educativas neoliberales siguiendo las directrices que emanan de organismos supranacionales que no han sido elegidos democráticamente. Desde los sectores disidentes con el proceso de mercantilización de los espacios educativos, se suele criticar la cada vez más estrecha relación entre las universidades y las empresas, la reducción sistemática de inversión pública en educación o el desigual acceso a la educación (precio de los libros escolares, tasas universitarias, asistencia obligatoria, horarios desorbitados etc.) Pero mercantilizar la educación no es solo esto, si no también enfocar el conocimiento que se enseña en las aulas a una realidad social y económica muy concreta. De esta forma, la educación que vivimos está basada en la competitividad, la eficiencia de resultados, el rechazo a la creatividad y el pensamiento crítico, el trabajo individualista y, en definitiva, la supresión de prácticas colaborativas y cooperativas. Sigue leyendo