Sobre el Real Decreto de (des)especialización docente en Secundaria

Hombre-orquesta-300x209Hace unas semanas teníamos noticia de que el Ministro Wert andaba preparando un nuevo Real Decreto para borrar las especialidades de los cuerpos docentes de Educación Secundaria. Si hasta ahora, en la Escuela Pública, para dar clase de una asignatura había que tener aprobada una oposición por esa especialidad, ahora a golpe de decreto se acaba con este imprescindible aval. Se abre el abanico de las materias que va a poder impartir cada docente, con independencia de cuál sea su formación: así, y por poner solo algunos ejemplos, un profesor de Lengua podrá dar Geografía e Historia, uno de Filosofía podrá impartir Actividad Emprendedora y Empresarial (nueva asignatura de los dictados neoliberales), y uno de Biología y Geología podrá enseñar Matemáticas o Física y Química. Y se deja la puerta abierta para que los saltos puedan ser aún más mortales “cuando las necesidades del centro lo requieran”. Todo en aras de la rentabilidad económica. Todo en el marco de una ley en cuya denominación se introduce la palabra “calidad”. Una nueva muestra de la manipulación del lenguaje de que la LOMCE hace gala de principio a fin.

Hasta ahora los criterios de selección del profesorado, las condiciones laborales, la remuneración, y la adecuación entre formación y desempeño de la función docente eran, con diferencia, mucho mejores en el educación pública que en la privada (concertada o no). Los poderes públicos trataban de garantizar que la educación de las nuevas generaciones estuviera en las mejores manos. Ahora parecen empeñados en conseguir exactamente lo contrario. Pretenden la descualificación extrema del profesorado. No podemos consentirlo.

No idealizamos sin embargo la situación que hasta el momento vivíamos. La formación inicial, el propio procedimiento de acceso y, por supuesto, la formación permanente del profesorado necesitan una honda transformación, como lo necesita también el conjunto de factores que hacen posible (o no) la investigación y la innovación educativa. Lo que no podíamos imaginar es que un Ministerio de Educación se propusiera, con tanta determinación, cargarse el único ingrediente aún válido en la formación de los docentes: la formación disciplinar. Al menos, el profesorado de la pública sabía de qué hablaba cuando entraba en clase.

¿Qué cosas hubieran podido mejorarse en la formación del profesorado de Secundaria?

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