Manifiesto – La Educación que nos une

laeducacionquenosuneHR2-01(1)Ante el desmantelamiento sistemático de la educación pública en todos sus niveles y la perversión del concepto mismo de educación a manos de los mercados, los integrantes de la platafoma Stop Ley Wert (ATTAC, Juventud sin Futuro, Red IRES, Ecologistas en Acción, Movimientos de Renovación Pedagógica, Rosa Sensat, Yo Estudié en la Pública, Foro Mundial de Educación, etc.) impulsamos la iniciativa ciudadana La Educación que nos Une.

 Porque creemos que la educación, para que sea entendida como tal, ha de ser pública, democrática, inclusiva, coeducativa, científica, ecológica y laica:

No aceptamos Proponemos
1- Una educación desvinculada de los cuidados de la vida, que da la espalda a los graves problemas de la Humanidad, que separa a las personas de su territorio y reproduce y genera injusticias sociales y ambientales.                 1- Una educación transformadora que trabaja desde la comunidad y desde el territorio, que crea una red de personas comprometidas en la construcción de una sociedad más justa y más respetuosa con la Tierra.
2- La educación como mero adiestramiento de mano de obra, consumidores y clientes. 2- Una educación que respete los derechos de la infancia y la juventud y atienda a la dimensión afectiva y ética de las personas; que dé respuesta a la necesidad humana de investigar y de crear, y cuyo fin sea el desarrollo de una ciudadanía crítica, responsable y comprometida.                              
3- Que sean organizaciones de corte exclusivamente economicista (OCDE y CEOE) y religioso (Conferencia Episcopal) quienes decidan los contenidos escolares y cómo evaluar los sistemas educativos.                          3– Que la comunidad educativa y la sociedad en su conjunto sean quienes decidan el qué, el cómo y el para qué de la educación de nuestros hijos e hijas.
4- Una educación concebida en términos de competitividad y ranking, y mucho menos como herramienta de exclusión escolar y social. 4-Una educación compensadora de desigualdades; una educación que apueste por el trabajo en equipo y la construcción colectiva de conocimiento.                                     
5- La segregación escolar en función de variables académicas, económicas, religiosas, culturales, género, lingüísticas y la consiguiente fragmentación social desde la infancia. 5- Recuperar el valor de la diversidad entendida como riqueza: la diversidad de culturas, de lenguajes, de propuestas, de personas, es requisito indispensable para el desarrollo humano y la construcción de una sociedad solidaria y cohesionada.
6- La recentralización de las políticas educativas, que provocan: a) Pérdida de democracia en los centros. b) Dificulta la tarea de maestros, maestras y profesorado, ahora al servicio del dictado de las reválidas y c) Merma a las Comunidades Autónomas de las competencias adquiridas en materia educativa. 6-La devolución de competencias a la comunidad educativa, al profesorado y a las Comunidades Autónomas.

De esta manera, quienes integramos esta plataforma queremos hacer explícito nuestro compromiso de resistencia a esta ofensiva mercantil que daña los cimientos básicos de la educación.

Asociaciones y colectivos vinculados al mundo de la educación, del activismo social y político, de defensa del medio ambiente, queremos unirnos y crear un foro reflexión, debate y difusión de propuestas para una nueva educación.

Suma tu voz en www.laeducacionquenosune.org

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Descarga el manifiesto aqui

Apoyo a "La Educación que nos une"

Ante el desmantelamiento sistemático de la educación pública en todos sus niveles y la perversión del concepto mismo de educación a manos de los mercados, los integrantes de la platafoma Stop Ley Wert (ATTAC, Juventud sin Futuro, Red IRES, Ecologistas en Acción, Movimientos de Renovación Pedagógica, Rosa Sensat, Yo Estudié en la Pública, Foro Mundial de Educación, etc.) impulsamos la iniciativa ciudadana La Educación que nos Une.

Porque creemos que la educación, para que sea entendida como tal, ha de ser pública, democrática, inclusiva, coeducativa, científica, ecológica y laica.

Queremos sumar voces, tanto a nivel individual como colectivo, por este motivo; tras la lectura del manifiesto muestro mi apoyo a "La Educación que nos une".

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1,091Ferran Suay i Lermajun 04, 2015

30 pensamientos en “Manifiesto – La Educación que nos une

  1. CARLOS BALLESTEROS GARCIA

    Desde el AFA del CEIP San Sebastian y tambien como ciudadano implicado, preocupado, activo…saludamos esta iniciativa que compartimos, apoyamos ye impulsaremos. ¡Bienvenida sea la escuela que nos une!

  2. Jesús Bartolomé

    No queremos un adiestramiento para el mercado sino una educación para la vida

  3. Griselda Flores

    Qué bien!! Felicidades!! Desde niña me daba miedo la escuela, ahora veo porque. Gracias por esta organización!!

  4. Félix García Moriyón

    ¿Quién puede no estar de acuerdo con las exigencias planteadas en la columna de la derecha? Varias de ellas, por no decir todas, estánr recogidas en la LOMCE. ¿Quién puede avalar las posiciones que están a la derecha? Que yo sepa, nadie.

    Ciertamente, hay prácticas de exclusión que, en gran parte, son iherentes a la escolarización obligatoria, que prepara a los alumnos para acceder a la escolarización no obligatoria cuya es intrínsecamente selectiva y proresionalizador. Pero eso es tan antiguo como la escuela formal, olbigatoria y en especial post-obligatoria.

    Por otra parte, ¿existe realmente lo que se denuncia en la columna de la izquierda? Es decir, ¿existe lo que se dice en los puntos 2, 3 y 4? Cierto que todos los coletivos, afortunadamente también los MRPs quieren incidir en la educación y que unos colectivos tienen más fuerza que otro, pero se puede afirmar que son la OCDE, la CEOE y la Conferencia Episcopal Española quienes deciden qué enseñar y cómo evaluar? ¿ Desde cuando se viene perdiendo democracia en los centros y quienes son quienes más se oponen a esa democratización?

    Por último, el mantra del economicismo y la ofensiva mercantil no dejan de ser mantras que se hacen aparentemente verdaderos por repetición machacona, pero no por un riguros análisis de los males que aquejan al sistema educativo español que, sin duda, son variados, antiguos y persistentes.

    Conclusión, estoy totalmente de acuerdo con lo que planteáis en la columna de la derecha, como ideales que regulen nuestra intervención educativa; sin embargo, creo que lo expresado en la columna de la izquierda es una simplificación que, maniqueamente, define nítidamente el bando de los «malos».

    1. Antonio Silvar

      yo he sido coproductor del vídeo documental LA EDUCACIÓN PROHIBIDA y no entiendo que hace esta propuesta aquí. Estoy totalmente de acuerdo con la columna de la derecha dudo de los puntos 4y 5 por que se contradicen y habría que definir eso mejor y el 6 da penita… es un punto que me parece fuera de lugar, OS OLVIDÁIS DEL PRINCIPAL, así nos va …
      Eso si el lado izquierdo es rancio, rancio, rancio… y es una pena que haya gente con el coco lavado que siga pensando de manera maniquea simple y …. Que si, movilizan masas, ya los usaron comunistas, socialistas, sindicalistas, capitalistas, macis y demás manipuladores de la comunicación,
      Yo copatrociné este vídeo de LA EDUCACIÓN PROHIBIDA por que quería cambios de verdad no perpetuar la mediocridad que tanto aquí se fomenta.
      Lo que percibo es una huida hacia atrás para conservar el puesto, hacia el confort subvencionado y los derechos adquiridos, que están, gracias a dios o al universo, viniéndose a bajo, AL FIN.
      ¿Como se puede apoyar una propuesta tan egoísta? por parte de los que están en el sistema.
      ¿Cuando se va ha educar? …. en vez de aleccionar.
      ¿Cuando se va ha escuchar?… en vez de justificarse.
      ¿Cuando se va a hablar de Amor de compartir …? En vez de amenazar con el miedo, la competencia, el control, limites limites, limites…
      La propia propuesta es perversa…. sembrar odio otra vez …. ¿no hemos aprendido nada?
      ¿Para cuando nos vamos a dar cuenta que cada uno es responsable de todo lo que le pasa?

  5. Remedios Rodriguez Beltrán

    Debemos seguir luchando por defender y mejorar nuestra escuela y no perder la ilusión y entusiasmo de trabajar día a día con y por nuestros alumnos. Resistiremos!!!

  6. Francisca Majó

    Enhorabuena por tanta verdad y coherencia que refleja el Manifiesto. En educación todo ha sido conquistado con el esfuerzo y trabajo de las maestras y maestrtos, y nada, perqueño o insignificante, nos ha sido regalado. A pesar de tantas dificultades, sigue estando en nuestras manos conseguir una buena educación para todos los niños y niñas, desde su nacimiento.

  7. IRENE

    A mi parecer, debería haber un punto exclusivo en el que quede excluída totalmente la religión, sea del tipo que sea, de los centros escolares. «No vengas a mi escuela a rezar, que yo no voy a tu iglesia a pensar».
    Es inasumible, doloroso y deleznable, que la religión y el inglés tengan la misma carga lectiva en algunos cursos en la enseñanza pública.

  8. Jose A Neila

    Aplaudo y apoyo la propuesta.
    La difundiré con la intensidad que merece.

  9. lurdes montoya

    En algún sitio leí: …somos jardiner@s, no alfarer@s…nuestr@s niñ@s, son personas no barro…pues bien esa filosofía de la educación es la que creo que recoge mas ésta valiente y ambiciosa inicitiva en la que durante siglos se ha intentado que madure. Enhorabuena!…

  10. Pere Polo

    En los momentos de involución que estamos viviendo, es necesario que desde las aulas vivamos la democracia, pues, ésta se aprende practicándola a diario y en cada momento y desde la escuela, desde el instituto con la práctica en cada momento haremos que todos seamos participes de dar la vuelta a la situación.
    Muy bien por el documento. ¿Que no nos callen.

  11. Guillermo

    Me parece correcto lo propuesto, pero echo en falta una alusión al tema de la enseñanza concertada que se lleva al año más de 5000 millones de euros del presupuesto, genera sectarismo y educa en la ideología y no en la formación. Sinceramente, creo que este tipo de centros hacen mucho daño a la Educación en este país.

  12. Silvina Paricio

    ¡Felicidades por la iniciativa!, a la que me he sumado. Aunque la ley Wert sea una realidad, hay que articular formas de resistencia. Gracias por hacerlo.

  13. José María G. Tejerina

    Deberíamos luchar para lograr una EDUCACIÓN PÚBLICA, LAICA, DEMOCRÁTICA Y DE CALIDAD PARA TODOS con el fin de mejorar la enseñanza pública y el sistema educativo, mejorar la formación y condiciones de trabajo de los profesionales de la educación, así como el fomento de la autonomía de los centros educativos y la participación democrática de todos los sectores de la comunidad escolar.

  14. Ana

    Oso ongi. Mila esker horrelako iniziatibak aurrera eramateagatik. Denon artean lortuko dugu!

  15. Manuel Marrero Morales

    Frente a las leyes injustas que dictan los gobiernos tenemos el derecho y el deber ciudadano de la desobediencia civil. Ya es tiempo de que se decida que sólo haya dos redes educativas: la privada total, como oferta para quienes quieran pagarla y la pública de calidad, la escuela de todos y todas. Y eso lleva algunas exigencias: denuncia y consiguiente eliminación del Concordato, decisiones legales para una Escuela Laica y que ni un sólo euro público vaya para el negocio privado de la educación.

  16. María Pascua

    Cuánto maniqueísmo, qué burda simplificación. Si este manifiesto lo han redactado docentes se explicarían muchos de los problemas que afectan a nuestro sistema educativo.

  17. Fco. Javier García Domínguez

    Enhorabuena por la iniciativa. Sí, la educación que nos une se basa en propuestas. Las vuestras, a mi parecer, se quedan cortas y tienen que ser enriquecidas. También nos unen, desde la reflexión y la acción, las plataformas en defensa de la escuela pública de largo y corto recorrido, incluida la Plataforma Estatal en defensa de la escuela pública. Es tiempo de acción y también de repensar y redifinir la ESCUELA PÚBLICA. Salud y adelante.

  18. María

    5/3/2014
    ¿De verdad es esta letanía lo que nos une?
    Leo el manifiesto La educación que nos une… y no me lo puedo creer. Menos aún que el montaje Operación Palace sobre el 23-F. Diría incluso que está escrito con parecida intención, mostrar que necesitamos tomarnos el asunto más en serio mediante el recurso de revelar un presunto complot… pero sin ninguna gracia.
    “Contra Franco vivíamos mejor” era una de las boutades favoritas de Manolo Vázquez Montalbán. Por supuesto que nadie decente ha podido vivir mejor contra Franco que sin él, pero era su manera de señalar lo fácil que resultaba definir la propia posición como mera oposición; era cuando, como él solía añadir, “las ideologías estaban limpias como la patena”… y, podríamos añadir, el cerebro relajado.
    Algo parecido está pasando con Wert, su política y la LOMCE. Hay que reconocerle al ministro el mérito de haber devuelto la educación al debate público. Se quejaban muchos de que no se discutía sobre educación, no se le prestaba atención, etc., pero los recortes, la ley, la marea verde, etc. han hecho que deje de ser así, si alguna vez lo fue, aunque el ministro se haya inmolado en el proceso. La otra cara de este nuevo protagonismo es la simplificación del debate. El diálogo público sobre educación nunca fue mucho ni muy sofisticado, pero yo diría que entre la aprobación de la LOE y el fallido empeño del pacto de Estado se alcanzó un nivel algo más elevado. No me refiero a los resultados de la investigación, ni a la práctica profesional, ni a encuentros minoritarios, sino al debate que llegaba a la opinión pública en general y en que se veían implicados los grandes actores colectivos. Es una afirmación aventurada, que no podría demostrar de forma incontrovertida, pero es lo que infiero, por ejemplo, de que buena parte de la opinión conservadora tradicional apoyase la aprobación y aplicación de la LOE (todos los partidos menos el PP y hasta la FERE) o de que la administración socialista asumiera después objetivos que tradicionalmente no habían sido suyos, como la diversificación del último curso de la ESO, las evaluaciones externas o el reforzamiento de las direcciones de centro. Había cierta disposición a apearse de los dogmas.
    Pero en esto llegaron los recortes, Wert y la LOMCE y todo cambió. Hay muchos motivos para oponerse a los tres, pero no se me ocurre ninguno que justifique algo tan simplificador y maniqueo, y que aporte tan poco, como el citado manifiesto. Pura propaganda de guerra en la que el oponente, considerado el enemigo, es representado como un espantapájaros mientras que el autor de la representación se dibuja a sí mismo como un dechado de virtudes. Yo pensaba que para dividir el mundo en blanco y negro, para reducirlo a una lucha entre el bien y el mal, teníamos ya a la Iglesia, y que la educación tenía por objeto lo contrario, enseñar a la gente a pensar en vez de a creer; que servía para apartarla, como decían los ilustrados, de la superstición. Pero parece que no es así y que justo ahora que un nuevo papa sorprende a los católicos con inesperados matices sobre la pobreza, el pecado, el divorcio, la homosexualidad, etc., nada menos que nueve sesudas organizaciones que formaban la plataforma Stop ley Wert se descuelgan con un manifiesto para niños.
    ¿Cómo va a haber un debate razonable sobre la escuela si cada vez recurrimos más a simplificaciones? ¿Cómo se puede reclamar un pacto de Estado si los llamados a hacerlo son vistos como demonios y ángeles? ¿Cómo va a haber leyes duraderas si cada vez que una se aprueba no hay otra bandera que derogarla? ¿Cómo va a mejorar la consideración de la profesión con un maniqueísmo que no le perdonaríamos a un adolescente? ¿Cómo va a haber diálogo alguno si comenzamos por caricaturizar la posición del otro y sublimar la propia?
    Consta el Manifiesto de seis puntos que no tienen desperdicio. No es que aporten nada, que no lo hacen ni por asomo, sino que desvelan lo bajo que está cayendo el debate también en el presunto lado de los buenos. Los iré tratando, uno por uno, en próximas entradas.

    MFE

    ——
    ¿Pegados al territorio? No, gracias

    No aceptamos
    Una educación desvinculada de los cuidados de la vida,
    que da la espalda a los graves problemas de la humanidad,
    que separa a las personas de su territorio y
    reproduce y genera injusticias sociales y ambientales
    Proponemos
    Una educación transformadora
    que trabaja desde la comunidad y desde el territorio,
    que crea una red de personas comprometidas
    en la construcción de una sociedad más justa
    y mas respetuosa con la tierra

    He aquí el primer punto del manifiesto La educación que nos une. Mi primer problema con él es, francamente, que no sé bien qué quiere decir, ni creo que nadie pueda saberlo con certidumbre -salvo quien lo escribió, claro, pero eso no sirve de mucho. ¿Qué son los cuidados de la vida? ¿Se refiere simplemente a cuidar de los seres vivos, de la vida en general, de la naturaleza? No voy a ironizar sobre la defensa de la vida, pero, ¿no se podría comenzar con un poco más de claridad?

    http://blog.enguita.info/2014/03/pegados-al-territorio-no-gracias.html

    ….

  19. María

    5/3/2014
    ¿De verdad es esta letanía lo que nos une?
    Leo el manifiesto La educación que nos une… y no me lo puedo creer. Menos aún que el montaje Operación Palace sobre el 23-F. Diría incluso que está escrito con parecida intención, mostrar que necesitamos tomarnos el asunto más en serio mediante el recurso de revelar un presunto complot… pero sin ninguna gracia.
    “Contra Franco vivíamos mejor” era una de las boutades favoritas de Manolo Vázquez Montalbán. Por supuesto que nadie decente ha podido vivir mejor contra Franco que sin él, pero era su manera de señalar lo fácil que resultaba definir la propia posición como mera oposición; era cuando, como él solía añadir, “las ideologías estaban limpias como la patena”… y, podríamos añadir, el cerebro relajado.
    Algo parecido está pasando con Wert, su política y la LOMCE. Hay que reconocerle al ministro el mérito de haber devuelto la educación al debate público. Se quejaban muchos de que no se discutía sobre educación, no se le prestaba atención, etc., pero los recortes, la ley, la marea verde, etc. han hecho que deje de ser así, si alguna vez lo fue, aunque el ministro se haya inmolado en el proceso. La otra cara de este nuevo protagonismo es la simplificación del debate. El diálogo público sobre educación nunca fue mucho ni muy sofisticado, pero yo diría que entre la aprobación de la LOE y el fallido empeño del pacto de Estado se alcanzó un nivel algo más elevado. No me refiero a los resultados de la investigación, ni a la práctica profesional, ni a encuentros minoritarios, sino al debate que llegaba a la opinión pública en general y en que se veían implicados los grandes actores colectivos. Es una afirmación aventurada, que no podría demostrar de forma incontrovertida, pero es lo que infiero, por ejemplo, de que buena parte de la opinión conservadora tradicional apoyase la aprobación y aplicación de la LOE (todos los partidos menos el PP y hasta la FERE) o de que la administración socialista asumiera después objetivos que tradicionalmente no habían sido suyos, como la diversificación del último curso de la ESO, las evaluaciones externas o el reforzamiento de las direcciones de centro. Había cierta disposición a apearse de los dogmas.
    Pero en esto llegaron los recortes, Wert y la LOMCE y todo cambió. Hay muchos motivos para oponerse a los tres, pero no se me ocurre ninguno que justifique algo tan simplificador y maniqueo, y que aporte tan poco, como el citado manifiesto. Pura propaganda de guerra en la que el oponente, considerado el enemigo, es representado como un espantapájaros mientras que el autor de la representación se dibuja a sí mismo como un dechado de virtudes. Yo pensaba que para dividir el mundo en blanco y negro, para reducirlo a una lucha entre el bien y el mal, teníamos ya a la Iglesia, y que la educación tenía por objeto lo contrario, enseñar a la gente a pensar en vez de a creer; que servía para apartarla, como decían los ilustrados, de la superstición. Pero parece que no es así y que justo ahora que un nuevo papa sorprende a los católicos con inesperados matices sobre la pobreza, el pecado, el divorcio, la homosexualidad, etc., nada menos que nueve sesudas organizaciones que formaban la plataforma Stop ley Wert se descuelgan con un manifiesto para niños.
    ¿Cómo va a haber un debate razonable sobre la escuela si cada vez recurrimos más a simplificaciones? ¿Cómo se puede reclamar un pacto de Estado si los llamados a hacerlo son vistos como demonios y ángeles? ¿Cómo va a haber leyes duraderas si cada vez que una se aprueba no hay otra bandera que derogarla? ¿Cómo va a mejorar la consideración de la profesión con un maniqueísmo que no le perdonaríamos a un adolescente? ¿Cómo va a haber diálogo alguno si comenzamos por caricaturizar la posición del otro y sublimar la propia?
    Consta el Manifiesto de seis puntos que no tienen desperdicio. No es que aporten nada, que no lo hacen ni por asomo, sino que desvelan lo bajo que está cayendo el debate también en el presunto lado de los buenos. Los iré tratando, uno por uno, en próximas entradas.

  20. Marcos

    Lean el comentario crítico de M Fdez. Enguita respecto a la vaguedad, indefinición y pobre debate del manifiesto.

  21. Sergio Serrón

    Desde Venezuela un cálido apoyo a la lucha de todos por la escuela pública, en todos los países, como baluarte de la democracia y del desarrollo

  22. Mariano Fernández Enguita

    No me convence nada este Manifiesto, que me parece una enorme simplificación. Respeto a las organizaciones que lo promueven y estoy seguro de las mejores intenciones de quienes lo suscriben, pero creo que contiene y alimenta una visión maniquea de la educación, sus opciones, sus problemas y sus actores que no ayuda en nada a mejorar ni a cambiar, más bien perjudica. He comenzado a explicarlo aquí: http://bit.ly/1kK08Qg.

  23. María

    11/3/2014
    De los oficios viles y la verdadera educación
    No aceptamos
    La educación como mero adiestramiento de mano de obra,
    consumidores y clientes.
    Proponemos
    Una educación que respete los derechos de la infancia y la juventud
    y atienda a la dimensión afectiva y ética de las personas; que dé
    respuesta a la necesidad humana de investigar y de crear,y cuyo fin
    sea el desarrollo de una ciudadanía crítica, responsable y comprometida

    Enteramente de acuerdo, por supuesto, en respetar (y promover) los mencionados derechos, en atender a (y promover) la citadas dimensiones y en dar respuesta (yo diría dar espacio y oportunidades) a las aludidas necesidades (yo diría capacidades, pero da igual). Y enteramente en desacuerdo, claro está, en el «mero adiestramiento de mano de obra, consumidores y clientes». La pregunta inevitable, una vez cumplida la liturgia, es ¿de qué, o de quién, estamos hablando?
    ¿Dónde está el ‘mero adiestramiento’? ¿Quién lo propone? La última vez que he visto esa palabra, recientemente, fue en la camioneta de un adiestrador canino aparcada frente a mi casa, y me temo que su introducción en el debate educativo no sea una muestra de objetividad. No he oído a nadie hablar de adiestramiento -aunque sí de cualificación, formación profesional, preparación para el trabajo, etc.-, mucho menos de mero adiestramiento, y tampoco de mano de obra, aunque lógicamente sí de empleo, trabajadores, fuerza de trabajo, empleabilidad, etc. Me imagino que no se referirán los autores del Manifiesto a los centros de enseñanza confesionales, ni al Ministerio que acaba de reintroducir la Religión como asignatura de pleno derecho, ni a las CCAA que apuestan «por más historia de España frente a localismos». ¿A quién, entonces? ¿O es un mero espantapájaros imaginario con el que despacharse a gusto?


    Más en:

    http://blog.enguita.info/

  24. Maria López Garcia

    Nunca masz que ahora debemos unirnos todos aquellos que creemos y queremos una educación de calidad, donde los niños y las niñas sean los protagonistas de su propio aprendizaje. No dejemos que destruyan la creatividad e inicitiva de los alumnos.

  25. felix

    Cuanta mas resistencia a la derrota mas seremos necesarios. La educación es nuestra porque la hemos pagado.

  26. felix

    La educación no se vende, y menos se regala, porque la hemos pagado con nuestros impuestos.

  27. María

    No se trata de rankings, sino de transparencia
    Sobre el punto 4 del manifiesto La Educación Que Nos Une
    No aceptamos
    Una educación concebida en términos de competitividad y ranking,
    y mucho menos como herramienta de exclusión escolar y social.
    Proponemos
    Una educación compensadora de desigualdades; una educación que
    apueste por el trabajo en equipo y la construcción colectiva de conocimiento

    Como en los demás puntos del manifiesto, unos términos oportunamente elegidos casi obligan a estar de acuerdo, pero la trampa es obvia. Nadie se va a declarar de acuerdo con una educación “concebida en términos de competitividad”, pues ya el término competitivo, aplicado a las personas (otra cosa sería a las empresas, ¿no?), es peyorativo. Claro que si, en lugar, de competencia, dijéramos emulación, podríamos incluso citar a Lenin o al Ché Guevara en su apoyo, pero no voy a discutir aquí sobre cuál pueda ser la combinación adecuada entre lo individual y lo colectivo, la competencia y la cooperación. Lo mismo sucede con los rankings: en castellano tenemos la palabra palmarés, o la más neutra clasificación, pero ranking es, sin duda, más rotundo y suena a jerarquía. Si de la ceremonia de los oscars se suprimió el “The winnner is…” para sustituirlo por «The oscar goes to…”, no cabía esperar menos de la educación.
    Del otro lado, en contrapartida, se nos propone apostar por el trabajo en equipo y la construcción colectiva del conocimiento. ¿Quién va a decir que no? La cuestión es que ni uno ni otra creo que tengan mucho que ver con lo que es el blanco del manifiesto: la LOMCE y lo que la rodea. Más bien creo que topan con tradiciones, culturas y prácticas de más largo alcance en la institución escolar y la profesión docente, tales como el solipsismo docente (desde el viejo librillo de cada maestrillo hasta la actualidad inmunidad de los profesores frente a la impotencia de los directores, los órganos colegiados, la comunidad escolar y las autoridades educativas), si es que el equipo y el colectivo a los que se refiere el Manifiesto son los docentes, o los simples hábitos escolares de trabajo y evaluación, si son los discentes.
    Y, por supuesto, nada que oponer a compensar las desigualdades y todo contra la exclusión escolar y social… excepto que resulta difícil saber qué relación tiene esto con o anterior y por qué está en este punto y no, por ejemplo, en el siguiente, que es el propiamente dedicado a la desigualdad.
    Si miramos el punto globalmente, tanto lo que se rechaza como lo que se propone, el resumen sería una visión de equipo, colectiva, frente a una individualista, competitiva. Suena razonable, pero no lo es, porque la contraposición es ficticia. El Barça o la Roja, por ejemplo, son ejemplos de trabajo en equipo, y no sé si tal vez también de construcción colectiva del conocimiento, en un contexto de intensa competitivdad para ocupar la mejor posición en un ranking… hasta el punto de que uno y otra han llegado a convertirse en parradigmas de lo primero y estrellas de lo segundo, y sus entrenadores en estelares motivational speakers e incluso en iconos de los nacionalismosl catalán y español, respectivamente. Volviendo a lo nuestro, una cosa es la evaluación y competencia de los centros y otra la competitividad entre los alumnos: pueden darse las dos, ninguna o cualquiera de ellas sin la otra. Sencillamente son dos planeos diferentes.
    Esta confusión tiene una función, si es que no un fin. En realidad, el núcleo duro de este punto está en lo que rechaza, no en lo que propone. Y detrás del fácil rechazo a los rankings está el rechazo de la evaluación de los centros y, más aún, de la transparencia. Los índices de evaluación (sea PISA, la EGD, la prueba de CDI o cualquier otra) son discutibles; las evaluaciones deben ser más comprensivas que lo que puede recoger cualquier baremo; las evaluaciones se traducen en clasificaciones y éstas pueden tener un resultado acumulativo, etc., etc. Todo esto es cierto y significa que, en definitiva, las evaluaciones pueden tener efectos perversos contra los que hay que estar alerta.
    Pero esto no debe hacernos ignorar que también y antes que nada hay un problema de transparencia. El ciudadano tiene derecho a saber cómo funcionan las instituciones, el contribuyente a saber adónde va su dinero, las familias a saber cómo funcionan los centros escolares. Estamos, como poco, ante un conflicto de derechos, uno más, como los hay entre el derecho a la información y el derecho a la intimidad y a la propia imagen, la libertad de información y la seguridad nacional, el derecho a la propiedad y el derecho a la vivienda, etc. Lo preocupante es que en el mundo de la educación se olvide, se desdeñe o sencillamente se niegue sin más la necesidad de transparencia y el derecho a la información, afectados en primera instancia por la opacidad de nuestras escuelas, en nombre de riesgos que podrían producir problemas en segunda instancia, tales como el descrédito de algunos centros y su posible vaciamiento, etc.
    Me temo que la idea de transparencia, aplicada al sistema educativo español, resulte simplemente excéntrica, pero yo sugiero a los sorprendidos que miren, por ejemplo, lo que cualquier familia londinense puede averiguar sobre los centros escolares de la ciudad antes de matricular a sus hijos en cualquiera de ellos. Si acude al London Schools Atlas encontrará sobre cada centro todos sus datos administrativos, de qué zonas y de qué otros centros proceden sus alumnos (así como entre qué centros de distribuyen los de su zona), sus tasas de graduación y otra información. Ahí mismo puede conectar con Edubase, que le proporcionará datos censales sobre la edad y el sexo de los alumnos, si el centro participa en programas especiales, si presta atención a alumnos con necesidades especiales y de qué tipo, si ha sido objeto de medidas relativas a la calidad (advertencias, suspensiones, etc.), el nombre y los méritos especiales de su director… O a las tablas de rendimiento del Departamento (Ministerio) de Educación, donde podrá ver una amplia gama de indicadores del desempeño del centro, el valor añadido en sus resultados (la diferencia entre lo que consigue y lo que se le supone con el tipo de alumnado que tiene), lo que gasta por alumno y en qué, la composición de su personal, su salario medio… O a la web de Ofsted (el servicio de inspección), que incluye su propia gama de indicadores y los últimos informes (normalmente cinco) sobre el centro, cada uno de ellos de unas diez páginas especialmente diseñadas para información de las familias y de los alumnos. (Si quiere probarlo, hágalo directamente todo desde cualquier icono en el mapa del atlas.)
    Quienes se oponen a la transparencia y la rendición de cuentas aducen invariablemente que conducirán a los rankings y estos a una desigualdad creciente en la que, a través de la elección de centro por los padres y de alumos por los centros, los buenos mejores centros mejorarán y los peores empeorarán, en una dinámica de efecto Mateo. No puedo discutir aquí esto en detalle, pero sí señalar por dónde hace agua el argumento. En primer lugar, hay variados instrumentos par regular el reclutamiento de modo que no se produzcan desequilibrios en la distribución de alumnos con necesidades especiales. En segundo lugar, un profesor es muy distinto de otro, pero treinta o cien (los números típicos aproximados en primaria y secundaria), por efecto del azar y como enseña la estadística, son iguales a otros treinta o cien… siempre y cuando tengan una necesidad o una motivación similares para trabajar bien y estén adecuadamente coordinados y dirigidos. En tercer lugar, los centros nunca serán idénticos, pero una política atenta y acertada debería ser suficiente para evitar que pequeñas diferencias entre ellos no pesaran más que las ventajas de la proximidad (tiempo, integración en la zona, coincidencia de amigos y pares…). En cuarto lugar, los detractores de la transparencia suelen ser los mismos que claman por más recursos y que aseguran que el número de alumnos por aula es decisivo, lo que conduce a la paradoja de que las escuelas que perdiesen alumnos verían aumentar automáticamente su calidad (yo no lo creo, pero esa lógica no es la mía, sino la suya). En quinto lugar, y por ciertos que sean los riesgos asociados, hay un delirante y sospechoso paternalismo en la idea de que el público debe ser protegido de al información porque no sabría hacer buen uso de ella. En sexto lugar, los rankings ya existen y funcionan para los profesores y otros agentes informados y para las familias de mayor nivel educativo y cultural, que los tienen muy en cuenta a la hora de escolarizar a sus hijos, y en su forma más burda vienen siendo publicados desde hace decenios por diversos medios, de manera que lo que se pretende, en realidad, es negar una información adecuada y suficiente a las familias que no están en condiciones de conseguirla por sí mismas, que son las que más la necesitan.

    M.F.Enguita

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