LIBRO BLANCO DE LA PROFESIÓN DOCENTE. ¿DE QUÉ HABLAMOS?

La educación ha vuelto a pasar al primer plano de la actualidad mediática con la difusión que se está dando a las propuestas del Libro Blanco de la Profesión Docente, encargado por el actual ministro de educación al filósofo José Antonio Marina. Nos parece que hay diversas cuestiones en ello con las que no estamos de acuerdo y creemos que hay que denunciar.

Nos parece que los problemas del sistema educativo hoy se han de afrontar de otra manera. No se precisan salvadores expertos que, desde su posesión de la verdad, nos quieran salvar a todos, sino la participación de todos los implicados en nuestra propia salvación. Esperamos desde hace años la posibilidad de que se abra un debate colectivo, sereno y calmado, sobre el tema de la educación y del profesorado en nuestro país. Lo que se hace es puro electoralismo.

No se puede hablar del perfil del docente que se necesita hoy sin tener en cuenta qué modelo de educación y de persona queremos y para qué sociedad. Si es para crear ciudadanos dóciles y sumisos necesitaremos un profesorado acrítico que sea obediente a lo que le mandan, como ahora sucede. Si queremos ciudadanos protagonistas de su vida, justos, igualitarios, libres, solidarios, participativos y críticos, necesitamos un profesorado bien formado, apasionado con la educación, crítico, libre, justo, solidario, comprometido ética y políticamente con la escuela pública (la única que garantiza el derecho de todos a la educación) y la construcción de una sociedad con mayor equidad y justicia social. Por eso necesitamos otras propuesta en otra dirección.

En el documento se parte de lo que demanda, sin más, el sistema productivo y lo importante es la incorporación del alumnado al mundo laboral. ¿Dónde queda la educabilidad de las demás dimensiones del ser humano?

Se toma como única referencia las reformas de muchos sistemas educativos de éxito, que son más acordes con las exigencias de la sociedad neoliberal de rendimiento y competitividad extrema. ¿De qué éxito se habla? ¿Han mejorado esos países el índice de felicidad y desarrollo humano de sus poblaciones, como es el caso de Corea del Sur y de otros muchos de los más avanzados? ¿O las están sometiendo a unos niveles de estrés, explotación y frustración que generan estados depresivos y otras enfermedades, además de un aumento de suicidios y marginación intolerables?

Es muy cierto que todos los servidores de los ciudadanos a través del Estado han de dar cuenta pública de su trabajo. Pero no como se nos dice en este Libro Blanco. Una cosa es que su trabajo sea conocido y más o menos valorado, y otra que se les divida en buenos y malos sin más. Se propone que se les pague por el rendimiento del alumnado, cuando está más que probado en otros países que es un modelo fracasado. ¿Qué tipo de evaluación para los docentes y para todo el sistema educativo? Desde otros modelos de evaluación entendemos que es necesario se valore con ellos lo que hacen en los diferentes contextos en que desarrollan su labor, que se les escuche y se hagan propuestas de mejora profesional para que puedan cumplir mejor su función: que se tengan en cuenta una mayor y mejor formación inicial y permanente, la disminución del número de alumnos por aula, menos horas de docencia y más de tutoría y orientación al alumnado en su diversidad, tiempo para reflexionar y coordinar con los demás miembros de la comunidad educativa su práctica y poder investigar para mejorarla, la exigencia compartida de mayor compromiso con una educación pública que nos humanice y forme mejores personas para construir juntos una sociedad un poco mejor cada día.

Se propone un modelo de carrera docente de “ascenso y progreso” cuya concepción parece bien ajustada a las exigencias de la sociedad neoliberal y mercantilista de rendimiento, del mérito, el éxito y de resultados por encima de todo. Parece el diseño de carrera docente como “una carrera más”, lógicamente jerarquizadora y competitiva, muy acorde con y para una sistema educativo competitivo y selectivo. Esas, posiblemente, serían las competencias que se destacarían en el perfil del docente para ese tipo de carrera basada en el mérito individual y el rendimiento. Sin embargo nos parece central el compromiso con el alumnado más débil, las competencias del trabajo colaborativo en equipo, la cooperación entre los docentes y con la comunidad educativa, los proyectos comunes y públicos, la tarea investigadora e innovadora…

Compartimos plenamente que se han de incorporar a alumnos y alumnas excelentemente capacitados a la profesión docente. Y que es necesaria una formación inicial muy diferente a la actual. Como ha de ser muy diferente el acceso a la función docente y su formación permanente.

Habría que tener en cuenta otro tipo de estímulos, que sean para todos los docentes, basados en lo que nos parece produce más motivación y satisfacción en el desarrollo profesional: tiempo para la formación permanente dentro del tiempo de trabajo, para desarrollar la dimensión investigadora e innovadora, facilitar tiempos para conocer todo tipo de proyectos y experiencias educativas e intercambio de docentes tanto dentro como fuera de nuestro país, tiempos y medios para realizar estudios en función de las necesidades del aula y del centro, además de posibilitar el paso por las diferentes etapas educativas…

No queremos colegios profesionales que serían un elemento más de diferenciación y separación en torno a los intereses comunes, que no son otros que hacer posible el derecho de todos a la educación y al éxito educativo. Algunos seguimos defendiendo la necesidad de un cuerpo único de docentes para toda la educación básica que nos parece da mejor respuesta a lo que hoy se necesita para caminar en otra dirección.

Queremos un profesorado mejor capacitado, una escuela más inclusiva, mejor educación que optimice la capacidades de todos y de todas y que se pongan los medios adecuados para conseguirlo.

Un pensamiento en “LIBRO BLANCO DE LA PROFESIÓN DOCENTE. ¿DE QUÉ HABLAMOS?

  1. antonio

    Todo lo que se haga en pro de mejorar la educación es bueno siempre y cuando no nos olvidemos que la parte fundamental del sistema, el que determina en primer lugar y como pieza fundamental, el rendimiento del mismo es el individuo que educamos (alumno, estudiante, párvulo, escolar, etc..). A él hay que darle las oportunidades de que dirija su formación… lo demás es solamente complementario.

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