El Libro Blanco de Marina y sus referentes “pedagógicos”: McKinsey & Co.

PrivatePara revestirlo de una autoridad incontestable, el Libro Blanco de José Antonio Marina está plagado de citas bibliográficas, de artículos con títulos extranjeros, que aportan un aire de infalibilidad técnica y académica a sus propuestas. Convendría por tanto aclarar que no hay informes de ideología neutra y que, en el caso de este libro, la mayoría de ellos transita en corrientes de un pensamiento neoliberal poco disimulado.

Veinte veces menciona el Libro Blanco la consultora estadounidense McKinsey & Co. Que esta consultora trabaje indistintamente en el campo del armamento, la sanidad o la educación debería hacernos entender que el desarrollo de sus encargos no tiene por qué contemplar la autoexigencia de la ética. Como convencido exponente del entramado neoliberal, Mckinsey responde al dictamen de sus leyes: trabajar para quien paga y, por supuesto, a beneficio de quien lo hace.

Así se entienden los esfuerzos extraordinarios que empleó para impedir la universalización de la asistencia sanitaria en EE UU, su protagonismo en la privatización del ferrocarril en Inglaterra o las recomendaciones de llevar a cabo recortes brutales en la sanidad de este mismo país. Tras estas operaciones, clientes privados tienen parte de su trabajo resuelto para transformar en negocio de unos pocos los derechos de todos. Así pues, lo mínimo que le podemos conceder a McKinsey es su concienzuda voluntad de invadir nuestros centros públicos de todas esas reglas que el mercado tiene para competir sin necesidad de considerar la igualdad, la cooperación, la sostenibilidad o la defensa de los Derechos Humanos como figuras obligadas en sus ecuaciones finales. Al fin y al cabo, más que necesitarlas, la rentabilidad económica exige que queden al margen.

Una visión reduccionista del ser humano está calando en los discursos que se pretenden salvadores de nuestra educación: la de que niños y niñas, adolescentes, junto al sistema mismo, deben entenderse sin más como la recámara de la economía de mercado. No lo consintamos. Que el prestigio que precede al hechicero y sus abalorios no calle una defensa exigente de la escuela pública. Luchemos por mantenerla a salvo de las mesas de ejecutivos.

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